2.02.2010

Plática con mi susodicho (Autor : Dantuan Bertalata)












Mahmoud Fathallah: ¡Vete a la mierda!





Milovan Rajevac: ¿Acaso te importa?  Date cuenta de que aquel balde de mercurio te ha carcomido los huevos.


  
M.F.: ¡NO! NO importa  ¿Qué te puedo decir?  La ausencia viene conmigo.


  
M.R.: ¿Es acaramelada o transeúnte como siempre?


  
M.F.: Transeúnte como de costumbre, pero ¡Acaso te importa, puto de mierda!


  ¡Dime, dime!  ¿Qué diré cuando platique conmigo? ¿Qué me diré al rato que ya no estés? ¿Qué me diré en doce horas de estar conmigo?





  1. R.: ¡Qué me importa, pordiosero millonario!


¿Acaso el G8 no te ha inflado los huevos como una aceituna al cuadrado? ¡Grítame! Insatisfecho, insaciable; golpéame como si me conocieras. 
¡Coño! di algo  ¡Enfurécete!





2 Horas después:





M. R.: ¡Muévete pusilánime! ¡Qué el atraco comenzará pronto!






Catarsis (Autora: Viridiana Vera)

Tenso...vibraciones de alteración.

El susurro de las añoranzas se escabuye entre las líneas de tus cabellos.

Aún en los filamentos se deslizan los firmamentos...

Y es que todo se desvanece...se dió cuenta en el ligero rodar de sus esencias.

Todavía puede leer el anuncio 'se desmoronó en tus silencios'.

Y las partículas se enarbolan...en los reflejos de tu insinuación.

Lo putrido de tus delirios, de lo inconmensurable.

Pero tu estallido galopa...mimetiza el gemido.

1.30.2010

Título: Austenta (Autor: Nestor Enriquez Ordoñez)

Ausente como la angustia muerta; como saliva seca en vida trémula, parpadeaste en mis ojos y creciste en mis sueños. Articulaste tus garras de lobo en mi cuerpo cortado, en mi corazón coagulado, en mi cansancio de amar…Te mate de mis sueños, y tu cadavérico cuerpo sabrá que será de ellos. Me alegra seguir teniendo orgasmos sin ti… me soy completo siendo un sin ti.

1.25.2010

Untitle número dos (Autor: Fabian V.G)

LOS DILUVIOS DE SILENCIO INUNDABAN LA HABITACIÓN.

LA SALA DE ESPERA HERVÍA BORBOTONES DE CIELO, ESPEJOS DE NOCHE. EL ROSTRO

LIMPIO DE SAL, LAS VENAS CORRIDAS DE TIEMPO... EL SILENCIO SE ARRUlLA ENTRE

BALAS Y FLORES. AGOSTO TIEMBLA DEBAJO DE LAS MALETAS VACIAS...

YO NO QUIERO QUE ELIGAS MIS ESTRELLAS MUÑECA ROTA.

12.25.2009

Extásis (Autora: Viridiana Vera. La Pepenadora)

¿Aún tienes rastros que recoger?
Dime, ¿sientes cómo se disipan entre las yemas de tus dedos?
¿Lo sientes?

Respiras intermitentemente para diluir las reminiscencias penetrantes, percibes como paulatinamente se disuelven en los ayeres contradictoriamente olvidados.

Y las incertidumbres flotan en el aire, junto con un sol que las trastoca, derribando su hambre...son carcomidas, se convierten en partículas de sangre; me recorro, y a tientas por fin me vislumbro...desbordas tu ausencia.

La madeja de tus suspiros todavía se entreteje, se carga de memorias...parpadeas ante lo efímero, y conservas tus alientos para conversar con lo idílico.
Yaces de bruces...suspiras el tiempo...y albergas de nuevo tus silencios.

12.23.2009

UNTITLE (autor: Fabian González Vargas)

ni si quiera se si sigo vivo entre estos desiertos de luz... la otra noche llovian las horas entre las horas mismas. Tu te empapabas de dias y yo de años decadentes... ahora que se deshilan tus labios sobre mi ausencia limpio al polvo del polvo de tu piel caida de tus sueños blancos... quizas sea la noche donde me ofrescan las noches mas largas... el tren parte a las 8 y ni si quiera se si tengo boleto o si sigo vivo

12.18.2009

Nostalgia: buscando a flor (AUTOR: MaritzAlejandra)

Te persigo. Sigo los pasos de un silencio fulminante; después de la catástrofe. Me ahogan las palabras que no quiero escribir y sólo pensar. Escribo porque llorar ya no me consuela.
Te busco en los recuerdos más dolorosos porque son los más felices.
No he de hablar de algo distinto: la separación dolorosa; la dolorosa separación de uno con otro uno; unidades separadas; maldita paradoja.
¿De qué me separé? Qué perdí: flor dime quién era yo.

Quién era yo cuando estábamos juntas y comíamos helados en barquillos cubiertos de chocolate falso. Quiénes éramos cuando reíamos de la altura de un pato caricaturizado que ocultaba su amor por ti. Quiénes éramos cuando compartíamos la misma congoja; sentirnos solas e invisibles. Quiénes éramos cuando empezamos a fumar a escondidas de tus padres y dejamos el tabaco por los libros de filosofía y arquitectura islámica. Ahora fumamos sin escondernos.

Quiénes éramos cuando escapábamos de la escuela, cuando nos escondíamos en el cuarto de los espejos, cuando pintábamos, con óleo ajeno, las portadas de nuestros discos favoritos. Quiénes éramos cuando llorábamos porque nadie entendía nuestro mundo: sólo nosotras dos sabíamos habitarlo, inventarlo y destruirlo. Quiénes éramos cuando sabíamos que el amor estaba en ti y en mí; yo no te dejaba sola y tú nunca me dejabas sola; llorando por un amor perdido en los charcos de agua que dejaba la lluvia del verano en el que yo me volví misionera dos semanas; entonces nos dejamos de cortar la piel con espejos rotos o navajas del rastrillo; tú desde que me encontraste. Yo aún tengo cicatrices del despojo de aquel chico que olía mi cabello cuando era ondulado.

Quién soy ahora que mi cabello ya no es largo ni ondulado; me corto el cabello cada vez que estoy triste; hace muchos años que está corto. Quién soy ahora que mis ojos ya no brillan como antes. Quién soy ahora con el cabello corto y lacio, con mis ojos sin el brillo del corrector facial. Quién soy ahora que mis palabras ya no dan aliento. Quién soy persiguiendo la miseria del otro. Quién soy llorando por tu ausencia. Quién era yo. Quiénes éramos amiga.

Quiénes éramos cuando no nos importaban los asuntos escolares y soñábamos con irnos lejos y tener una vida de bohemias; yo escribiendo poemas y tú pintando con la suavidad de las barritas de pastel.
Quién soy ahora que espero el día para renacer; ser otra vez yo y no este espejo fragmentado; imágenes confusas; un espejo que refleja nada; la imagen sin nitidez es nada; es pero qué es; me angustia no saberlo. Me busco en otros para ver si encuentro algún reflejo que sea mío pero sólo encuentro esta pregunta ¿Quién soy?

nO SÉ, NO ENTIENDO, NO SALE; SÓLO ESCRIBO... Autor: Nestor Leonel Ordoñez

Le sigue la razón al corazón; guiado por la sensación, como por los guitarrazos de gato que se brindan, y de la voz se acartone como sigue siendo el paladar quien habla, como es del dolor quien procura calma, me pertenezco, como de quien tantos besan mi boca.
Me pertenezco tanto como salgan tumores de la almohada, así como salen de quien es común y no respira nada. Ulteriores vástagos que nacen de mis bellos fáciles: vástagos que no son libres son sólo pasta acomodada.

En mí y en mi certeza, dos a parte, caben y flexionan puños dormidos, cantan y retocan libertades de hazaña, me doy permiso, me voy aparte.

12.01.2009

Autor: Nestor Enriquez Ordoñez

Animal domesticado feroz y deshilado: Concurrente besado, un don dormido en mama a lenguas raspas te a tocado, y en tu caminata vehemente de misión de vencejo se a purgado.
Tentando el dominio de tu pasión, y acomodando en cajones de migajón; se fueron vertiendo trozos de tu carne de pájaro en mi pómulo de mago roto. Recibí bofetadas de un sorbo, aglomerando como mentas las gotas de sangre de un exulto recuerdo, y en el saco roto de un hombre-cana, volví en mi; como fuga cerrada, como orgasmo corrido, como come el viento de la ranura de tus arrugas.
Mirar como tus huesos digieren el polvo me hacen viejo también, me envuelvo en una nube de naftalina que corroe mis labios partidos, y ahuyentando la edad con una escoba, hago reposo en tus lágrimas, me soy perecedero en tu barbilla de hojuela y muero de rodillas en tu altar senil.
Te arrebato el don de vencejo y lo pego a mi piel, dejo de ser verde y envejezco sin sed.
por si..

10.14.2009

Hilos (Autor; Nestor Leonel Enriquez Ordoñez)

De dos hilos izan mis ganas de explorar tu boca, de violentar el vencejo que me mantiene en celo, de dos partes cuelgo, de un soporte rojo tripa, rojo corazón; de un gesto sin ser capaz de ser palabra. Estirpes de sonidos agudos me siguen a todos lados, me alejan de mí para pensar en ti. Ocupas en mí. Me tienes a mí. Dos hilos zurcidos en tu boca chupada, y apretada en espirales de humo a mi pensamiento estacionario. Amén.

10.05.2009

Para no soslayar tu ausencia: Caída hacia la nada (AUTOR: ERICK MATA DÍAZ)

A Rafael

Sólo un leve caída. El pricipio de la eternidad; ese suave desliz hacia la nada.

Si el orgullo has perdido; estarás listo para el juicio

Siempre supe que no era real pero pensé que era yo

Era el momento de tu liberación

También sentí ...

Sé que no estás perdido

Pronto todo será igual

Entre las piedras, el árbol y los entes que residen aquí: te esperamos

Sin bolsas l l e g a r é por ti.

9.26.2009

A Rafael Lemus

Para no soslayar tu ausencia:




El otro
Autor: Rosario Castellanos



¿Por qué decir nombres de dioses, astros,
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Sí nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, sí cada noche cae
convulsa, asesinada. Si nos duele el dolor en alguien,
en un hombre al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.




Amo luego somos

Para Rafael (Autor: Nestor Leonel Enriquez Ordoñez)

Apagado

Describió con la mirada algo que llamaba vida. Encendía con aliento su última respiración.
Sabía que el ruido de su caída al vació haría eco entre oídos sordos e indiferentes, pero se conformó con el resoplido de atención que provocaría su muerte.
Me otorgo a su causa, me consolido en su memoria, lloro en silencio su ausencia y fragmento su aliento para complementar la partida

Rafa vive

9.01.2009

Caminta Nocturna (Autor: Nestor Leonel Enriquez Ordoñez)

En veneno pinto los pasos guiados por ladridos y atrapo efervescente con mis muslos el frío. Camino recto y con los pies hacia dentro despego mi joroba, alboroto y parto mi exultante rostro: motivado como animal, siempre animal.

Desarrollo mi vista entre sombras ubicuas; a gatas expuestas, a parpadeos de ensueño.
Me desdoblo hacia lo romántico, entre negro y gris me caigo, me detiene una mano, me mata como anoche, me arruga en chocolate, me hace crema en papel, luna cuarto menguante.

Sin titulo (Autor: Erick Mata Díaz)


Y yo que hubiera podido seguirte
hasta el fin de tu vida.
Hoy no quisiera pensar para qué
te quería ver...

Si tu vanidad te encapsuló
por qué tendría que ser yo; el que no pudieras rrecorrer mis venas.
Pudiera yo desenterrar marañas para disolverlas
para intentar entenderlas.

Las matas como yo escriben en un bar
las putas como tú se dan pena.

Y si no dije lo mismo, no es que no quisiera
para estar ahí; mejor muerto.

8.29.2009

Escribir (Autor: Fabian Vargas González)

Invades: Tu piel sembrada en la luz

Insistes: La emboscada de tus ojos sobre mi rostro deslavado.

Magnetizas: Colores (en silencio y solo en nuestro silencio te vuelves morado canalla)

Respiras: Nudos de sombra, nudos eléctricos, nudos de agua, nudos de ruido, nudos de nada.

Desdoblas: Latidos enroscados.

Exhalas: Silencio, humo, oxigeno, alcohol.

Revivo: Y me tragan las luces de tu espalda.

Invades y parece que brotan huracanes sobre tus lenguas de vallium.Gotas de sol en la inquietud del espacio….
Insistes, magnetizas, respiras, desdoblas, exhalas.

Y yo, sólo revivo.

8.20.2009

Elena (Autor: Fabian Vargas González)

Inundas y nadie amanece. Flota la selva. El sonido de ninguno invade mis goteras, mis costillas se trenzan a oscuras.
Sumo los ojos entre la lesionada oscuridad, envuelvo mi cordura, me desvisto de mi piel, disuelvo mis palabras e inundo...
Laminas de silencio llueven sobre mi nuca, me enjuago tus miradas, me tallo tus montañas de piel sobre mi piel.
Todos los precipicios llevan tu nombre, tu sal, tu gravedad y sin embargo hoy nadie amanece.
Sólo inundas.

8.10.2009

Loca Revolucionaria (Autor: Nestor Leonel Enriquez Ordoñez)

Fueron treinta años en el poder, de aquel hombre que cambió la vida de muchos con una dictadura empedernida. Treinta años cicatrizados como Porfiriato en los que viví a la sombra de un país independiente, que al azar escogía temerarios barbiespesos, como Mariano Escobedo; para tomar el poder sin objetivo político.
Yo comenzaba a dejar atrás mi soltería, fortalecía mí papel de dama bajo el casco de hija de banquero, por lo tanto, perteneciente a una sociedad privilegiada; lejos de las malas mañas de los pobres y acompañada de hacendados y extranjeros. Sin embargo, al escuchar esa frase tan escurridiza a mis oídos por primera vez, no dejó de retumbar en mi conciencia: “sufragio efectivo, no reelección”.
Escudriñe al respecto y el resultado fue el que detonó el pretexto perfecto para abandonar mi destino de señora.
En 1910 éramos alrededor de 7 millones de mujeres, de las cuales mas de la mitad eran analfabetas, así que fue fácil para mi encontrarme como mujer bajo el nombre de periodista revolucionaria.

En mi trabajo yo me oponía al régimen y a la defensa de clases afamadas melancólicas e injustamente llamadas desvalidas. Fue un territorio fértil para arrancarme de mis pensamientos, tan sólo ver a la gente que mendigaba comida hacia que mi corazón ya pidiera clemencia ante tanta injusticia.
Había Generales como Félix Díaz y Manuel Mondragón que buscaban aplausos y fotografías al entregar ropa a los pobres, mientras que mis compañeras y yo nos despojábamos de nuestros valiosos pero innecesarios vestidos que nos adornaban de encaje hasta el cuello con valor de un año de trabajo de un peón.
Recién vendíamos nuestras prendas alimentábamos a los niños que miraban a lo lejos un horizonte que se perdía con el cielo; no tanteaban cuanta sangre se derramaba en las orillas de sus parpados, pero si sabían saborear el alimento sagrado, que no los llenaba por que el apetito era un futuro incierto, por sufrir la explotación de la industria minera y un hambre de correr hacia aquella línea que se dibujaba a lo lejos.


En medio de todo atropellamiento político y de guerrillas civiles, me encontraba yo, cumpliendo un papel que me orilló a dejar atrás un matrimonio futuro y a una familia. Nunca me importó tanto el precio que tuve que pagar por un poco de libertad tomada de mis letras, hasta que la soledad venia a caso en las noches de pensamientos agudos.
Cada suspiro que de mí salía debía ser dirigido al respiro de alguien más. Me mantuve firme, pasé de ser periodista a engancharme a las listas de mujeres enfermeras que acostumbraron su vida a la salud de aquellos valiosos hombres que dolían su patria.
Ya había vendido mis joyas para comprar armas y convertirme en soldadera que con o sin un hombre, encabezaría con furia la razón de todo un pueblo, pero mis heridos me apasionaban más, prefería mil veces curar que matar y ni siquiera el animal de la venganza se apoderaba de mí, como lo hizo con Juana Gutiérrez de Mendoza, aquella coronela que formó un batallón con todas las viudas de los combativos muertos.


Empezaba la tarde y los lesionados a mi cargo ya rogaban que acabara el día. Un día más de dolor no lo soportarían. Recuerdo sus gritos al unísono que se perdían en la fiebre que ya se respiraba, y que se confrontaban con los olores de pedazos carcomidos por la sangre. Las enfermeras improvisadas como yo sólo conocíamos un remedio para curar sus gritos; pues en ese tiempo las hierbas eran método eficaz para la medicina rural. Hacíamos fumar marihuana a los pacientes hasta que quedaran dormidos, sólo así sus lágrimas ponzoñosas aún con olor a balazo cesaban.
El último paciente que requería mi ayuda tenía la espalda destrozada, las caderas se le salían a pedazos, su vientre parecía cada vez más plano de tanto drenarse, fue impactante para mí ver que la mitad de un cuerpo seguía respirando y sobre todo hablando. A lo lejos más gritos, señal de nuevos heridos.
Me lavé las manos con agua de lluvia y traté de prepararme para recibirlos, jamás estuve segura de soportar más, pero fueron llegando y ahí declinó mi destino. Reconocí a lo lejos a mi amante abandonado, al que pudo ser mi marido, junto a un hombrecito que se parecía a mi hermano, no quise reconocerlo, pero ese cuerpo que llegaba muerto era sangre de mi sangre, la única sangré de la que me despedí, la única que sabia dónde estaba, llegó muerto con la cabeza colgando, con los pies arrastrando de la mano de un soldado apuñalado.

Corrí a tropiezos entre cadáveres y encontré a mi no-marido, le supliqué que me dijera que ése cuerpo magullado no era mi hermano, su respuesta fue un ligero sonido que me decía todo, que me contaba los horrores vividos. Ese sonido reticente lo desplomó en la tierra seca, me arrodillé junto a él, lloré con cada poro, mis dos cariños habían muerto, y los hombres gritaban con su último aliento que a Francisco I. Madero lo habían asesinado. Ahí se acabo mi cordura, mi razón se murió con ellos, camine por calles de piedra, me perdí en la mezcla de una noche obscura con la de un frío espeso de febrero, acortando el tiempo y reduciéndolo a 1913.

Vagué por las calles recordando mi dolor, las personas me llamaban la loca. Yo lo aceptaba. Cada despertar amanecía azorada, no podía fijar un punto al cual llegar, sólo caminaba y repetía “sufragio efectivo, no reelección, sufragio efectivo, no reelección”.
En mis adormiladas caminatas no recordaba quien era, pero recordaba mi fe en la justicia, no sabía bien si funcionada repetir esa frase, que para mi había muerto con su líder, pero estaba segura que servia para no llorar.

Un par de meses después me acostumbré tanto a vivir sin razón, que sólo necesitaba agua y algo brillante para sobrevivir. De vez en cuando algún bondadoso me arrojaba un pan y después de comer seguía con la mirada los objetos brillosos, que tirados en la calle me hablaban.
Una de esas noches calurosas me atrapó el sueño y dejé caer sobre mí un manto de estrellas. Soñaba con volar y que me trenzaba el cabello, abruptamente mi sueño fue interrumpido por voces roncas que me secuestraban, me trepaban a lugares como costal, mi mente furiosa y miedosa solo quería escapar, pero cuando por fin me dejaron de mover, me encontré en una prisión blanca que dejaba escapar soplidos bajo las barras de metal, con mas locos en otras jaulas que me daban la bienvenida a chillidos.

Una figura se asomó y me ubicó de repente, me dijo con voz firme que me encontraba en el “Manicomio General la Castañeda”, y que al amanecer se concentrarían en mí.
Pasó por debajo de las rejas un pan y un vaso con agua. Finalmente me aseguré la locura, y no vi la diferencia de estar en una jaula de nubes y de una jaula con techo. Me serví mi generosa merienda y eché a dormir.
Cuando abrí mis ojos recordé donde estaba, y por más chueco que parezca, recordé quien era, recuperé la cordura en medio de locos.
Nos sacaron a caminar sin un desayuno, mientras caminaba por los corredores austeros me aprendía los pasillos, veía las caras enfermas que con onomatopeyas hablaban.
Afuera me di cuenta de lo enorme del edificio, contemplé un rato su belleza y me senté a tomar el sol, miraba a los locos, me imaginaba que cargaban una pena al hombro y redescubría la mía.

Una mujer se sentó junto a mi, me dijo que llegó conmigo por la noche, que nos habían traído igual, me dijo que mi cara parecía sobria, que mis ojos miraban fijo y con seguridad, que dudaba que yo sufriera de la mente. Yo jamás hablé, pero escuché con atención todo lo que me decía, se sabía de memoria las partes del Manicomio Castañeda, mencionó que Porfirio Díaz lo inauguro tres años atrás, que estaba poblado por la escoria social, niños problemáticos, delincuentes, ancianos, alcohólicos y prostitutas. Ella me dijo sin temor, que estaba ahí por “locura moral”, así se les clasificaba a los homosexuales y a las prostitutas, “locos morales”.
Ella fue detenida la primera vez por vestir de rojo y usar escote, y ésta vez por prostitución, me contó los variados pabellones en los que se dividía el manicomio. Entre los locos también había injusticias. A los pensionistas de primera clase los separaban del resto, eran los mejor tratados, después le seguían los indigentes, otro pabellón de los peligrosos y uno especial para los epilépticos.

También se acercó una joven que aseguraba que la postraron ahí por un intento de suicidio provocado por un amor fracasado. Un hombre decía que por sodomita, ya a nadie le importaba evidenciarse, pero yo nunca hablé, yo me dejé consumir por mi tristeza. Quizá lo único que no recordaría sería como hablar.

Quería saber algo del exterior, pero mi debilidad me impedía buscar alguna señal de la revolución, mi prioridad era dejarme morir y borrar todo pensamiento de mi cabeza. La prostituta y la suicida notaban mi tristeza que crecía día a día. Trataban de consolarme y hacerme hablar, pero era inútil. Sí, ambas también estaban invadidas por una ola de tristeza que abarcaba el lugar.
Luche por la injusticia y pagué estando en el lugar más injusto, recibiendo y escuchando maltratos. Observar como se coleccionaba el hambre y enfermarme de tanto llorar.
Qué viva la revolución aunque cueste la razón.

8.06.2009

Amor salivas en babas (Autor: Nestor Leonel Enriquez Ordoñez)

"Amor salivas babas"
óleo sobre lienzo
Autor: Nestor Leonel Enriquez Ordoñez.


Extirpa cada órgano del cuerpo hasta dejar sólo los huesos. Hace sangrar las encías de cólera, drena cada rincón vacío porque el amor se vomita, se traga y te deja vacío.

El amor es una gran y soberbia canción que infecta. Una vez entendido, una vez el microbio puesto en tus entrañas te pudre cada poro hasta llenarlo de cavernosos rincones.

Así pues, el amor ésta tragado. Después llegan las lagrimas por donde vomitas el amor ya salado y ahí es donde el iracundo vacío se carcome tus huesos rotos.

Próximo, buscas el amor en otro infectado atascándote de más infección, y pasas de salivas en babas tus infecciones. Haciendo cada vez más grande ese vacío hasta encontrarte sin huesos, solo tú y tu gran vacío.

Y no es que el amor no exista, cuando te deja vacío, o no se palpe, es que tú, mi gran idiota, lo hiciste infección y lo buscas por obsesión.
Morir por amor es un entretejido y rebuscado verso para la inexplicable aberración de lo no entendido: sabor y sonido reticente de tus piernas, insalubre e inagotable, salvaje carne que muere de amor; morir por nada.

Se expuso a voces saboreando el coagulado pegado al paladar, durmió como los inmortales bajo el tiempo y sin querer despertar. Entre los zapatos y el estrés todavía está.

Llorar por hambre mata al criminal. Se sienta sola para contemplar su voluntad, se tiñe para no abundar.

Ser un segundo (Autor: Fabian Vargas González)

Soy
un segundo estático
que
escapó de los relojes derretidos.

Vapor hecho piedra.


Así me siento cuando me seco: como una larva que siente que es humano.

Botón, pie, hoja, pantalón, humo, todo menos larva.

De pronto cuenta cada pata al arrastrarse y se da cuenta que es todo menos eso.